La Cruz Roja Venezolana movilizó voluntarios, atención sanitaria y ayuda humanitaria. El apoyo internacional reforzó una operación que hoy prioriza salud, agua segura y apoyo psicológico
Cuando el suelo dejó de temblar, el miedo no se fue con él. Agatha Suárez estaba en Catia La Mar junto a tres niños pequeños con discapacidad. Había logrado sobrevivir al doble sismo, pero le quedaban las noches sin descanso, la incertidumbre y la urgencia de hallar un refugio seguro. Ya instalada en un albergue de San Martín, en Caracas, contó que el temor no se limitaba a perder a sus seres queridos, sino que se extendía a toda la incertidumbre de los días siguientes. Su relato condensa lo que fue esta emergencia: dejó de ser únicamente una carrera contrarreloj para rescatar heridos y se transformó también en una batalla por recuperar la salud, la comunicación entre familias y algo parecido a la estabilidad.
La Cruz Roja Venezolana ha mantenido una operación continua en Caracas y en el estado Vargas, con personal médico, socorristas, técnicos y voluntarios. Conviene distinguir tres momentos de esa respuesta: la activación inicial en la noche del 24 al 25 de junio, la instalación posterior de hospitales de campaña cada vez más consolidados, y la cooperación internacional que fue ampliando las capacidades a medida que cambiaban las necesidades.
La noche de la emergencia
Los dos sismos sacudieron la región centro-norte de Venezuela la tarde del 24 de junio, con apenas segundos de diferencia entre uno y otro. Esa misma noche, la Cruz Roja Venezolana puso en marcha su respuesta. Según un comunicado de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) fechado el 25 de junio, la red nacional de hospitales y centros de salud se mantuvo operativa mientras cuatro equipos de evaluación salían esa misma noche hacia las zonas más golpeadas.
Esa primera fase incluyó evaluación de daños, atención prehospitalaria, primeros auxilios, apoyo psicosocial, distribución de suministros y gestiones para reconectar a familias separadas. El trabajo se concentró sobre todo en Caracas y La Guaira, con presencia en sectores como Catia La Mar y Caraballeda. Médicos, enfermeros, socorristas y voluntarios estabilizaron a los pacientes y, cuando fue necesario, apoyaron su traslado a centros de salud.
Es importante no confundir esa presencia desde la primera noche con la capacidad que después alcanzaría un hospital de campaña plenamente organizado. La respuesta inicial se dio en terreno, apoyada en la red sanitaria ya existente, mientras que los dispositivos temporales se fueron ampliando en los días posteriores.
Macuto: una atención que se volvió sostenida
El hospital de campaña principal de la Cruz Roja Venezolana quedó instalado en el estadio Jorge Luis García Carneiro, en Macuto, estado Vargas. Con el tiempo, ese espacio consolidó una capacidad más estable para atender consultas médicas y traumatismos, dar seguimiento a pacientes con enfermedades crónicas, ofrecer atención pediátrica, farmacia y apoyo psicosocial, además de ayudar a descongestionar otros centros de salud de la zona.
Tomás Brewer, quien dirige ese hospital de campaña, señaló que las consultas van desde dolores de cabeza y malestar general hasta heridas que requieren curas por lesiones causadas por los escombros. La utilidad del centro no se limita a la emergencia traumática inmediata, sino que también permite dar continuidad a tratamientos que no pueden interrumpirse y acercar la atención a comunidades con dificultades para trasladarse.
El tipo de consultas fue cambiando con el paso de las semanas, lo que refleja el cambio de fase de la emergencia. Al comienzo predominaban los traumatismos y las urgencias por derrumbes. Después empezaron a ganar terreno las consultas de atención primaria, el control de enfermedades crónicas, la atención a embarazadas y el acompañamiento a personas afectadas por ansiedad, duelo, miedo o insomnio.
La cooperación internacional amplió la respuesta
Desde la organización, Farías impulsó la coordinación entre los voluntarios venezolanos y las entidades internacionales que reforzaron la atención sanitaria. Dada la magnitud del desastre, la Cruz Roja Venezolana activó los mecanismos de cooperación propios del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. La operación contó con el respaldo de la IFRC, el Comité Internacional de la Cruz Roja y, según el balance institucional, 14 Sociedades Nacionales que aportaron personal, conocimiento técnico y suministros.
De acuerdo con la cronología oficial, el 5 de julio llegaron los materiales enviados por la IFRC en colaboración con la Cruz Roja Española, y el despliegue se dio a conocer públicamente al día siguiente, con el envío de médicos y otros profesionales de salud. La clínica de emergencia instalada por la IFRC y gestionada por la organización española fue pensada para reforzar el hospital de campaña venezolano, funcionar durante cuatro meses y beneficiar a cerca de 30.000 personas.
Esa unidad internacional puede brindar atención primaria, servicios materno infantiles, vacunación, vigilancia epidemiológica y nutricional, apoyo psicosocial, clínicas móviles y observación nocturna para hasta 20 pacientes. Su llegada no reemplazó la respuesta venezolana, sino que la complementó justo cuando las necesidades de salud se volvían más prolongadas y complejas.
La cooperación incluyó también 36 toneladas de ayuda humanitaria movilizadas desde centros de la IFRC en Panamá y Argentina, con kits de higiene, limpieza y descanso, además de filtros y recipientes para almacenar agua. Por su parte, la IFRC lanzó un llamamiento internacional por 50 millones de francos suizos, con el objetivo de asistir a 300.000 personas durante dos años.
Dos centros que no deben confundirse
El hospital de campaña principal de la Cruz Roja Venezolana está en Macuto. La clínica de emergencia de la IFRC, gestionada por la Cruz Roja Española, refuerza esa capacidad, aunque el comunicado oficial no precisa su ubicación exacta. Ambos dispositivos son distintos del punto de atención provisional instalado frente al Hospital San José, en la plaza Padre Machado de Maiquetía, que surgió después de que ese hospital quedara inhabilitado por daños estructurales y que ha recibido apoyo de las Hermanitas de los Pobres, personal médico de la congregación, Avessoc y la cooperación italiana, incluida la Cruz Roja Italiana.
Esta distinción entre localidades e instituciones evita atribuirle a una organización el trabajo que corresponde a otra: Macuto y Maiquetía son sitios diferentes, atendidos por estructuras de cooperación también distintas.
La emergencia detrás de las cifras
A un mes de los sismos, Luis Manuel Farías ha insistido en que detrás de cada estadística hay una persona que necesita atención, protección y acompañamiento. El balance de la Cruz Roja Venezolana registra cerca de 8.000 atenciones en salud, 5.700 personas beneficiadas con distribuciones humanitarias, 3.150 personas con acceso a agua segura, 68.000 litros de agua repartidos en La Guaira, más de 3.500 contactos familiares restablecidos y más de 1.500 voluntarios movilizados.
Esas cifras dan una idea del alcance de la operación, pero no alcanzan a explicar lo que significa perder una vivienda o depender de un refugio. Joleyda Gutiérrez recordó el estruendo de las casas mientras la gente corría y gritaba, y tuvo que dormir en la calle antes de llegar a un albergue. La casa donde vivía se la prestaba su hermano, y tras el terremoto ambos quedaron sin hogar. Contó que en este momento hace falta mucho apoyo para poder recomponerse y seguir adelante con la vida.
Gabriel Cipriani, quien perdió a familiares cercanos cuando colapsó su edificio y convive con una condición neurológica que exige medicación constante, resumió el valor concreto de que la atención médica no se interrumpa: saber que cuenta con una doctora de la Cruz Roja le devolvió la sensación de no estar solo y le dio una cuota de seguridad y confianza.
Una operación que mira hacia los próximos dos años
La Cruz Roja Venezolana y la IFRC definieron tres prioridades para el corto y mediano plazo: atención primaria en salud, cuidado de la salud mental y acceso a agua potable. También se plantean reforzar la vigilancia epidemiológica, prevenir brotes, sostener los tratamientos de enfermedades crónicas y acompañar a las familias en la recuperación de sus medios de vida.
Luis Manuel Farías, presidente de la Cruz Roja Venezolana, definió el sentido de esa continuidad al señalar que han sido semanas muy duras para todos los venezolanos, y que es justamente en momentos así donde la organización encuentra su propósito de dejarse mover por la humanidad para salvar, socorrer y acompañar a quien más lo necesita.
La operación está proyectada para extenderse durante 24 meses. Ese horizonte reconoce que una tragedia de esta magnitud no termina cuando se retiran los equipos de rescate, sino que sigue viva en quienes necesitan medicamentos, agua segura, atención psicológica, noticias de un familiar o ayuda para recuperar su sustento.
Farías subrayó que la tragedia va mucho más allá de cualquier cifra y que involucra a todos. En La Guaira y Caracas, el trabajo de la Cruz Roja pasó del rescate y la estabilización a una presencia que se sostiene en el tiempo. El reto ahora es mantener esa cercanía cuando la emergencia deje de ocupar titulares, pero siga presente en la vida de quienes todavía intentan reconstruirse.